Treinta kilos de problemas

Hello, hello, hello!

¿Qué tal? Nosotraasss muy muy contentas porque ya somos un montón por aquí y no sé...es que esto es una alegría constante. Lo decimos todo el rato, pero muchas gracias.

 En fin, como os he ido anunciando ya, el post de hoy es un poco especial. Como muchos ya sabéis, en el último año he perdido una cantidad importante de peso...para ser más exactos 33 kilos. Quiero compartir con vosotros mi experiencia para que entendáis mejor el blog, y me entendáis mejor a mi... pero, sobre todo, espero que le sirva a alguien de motivación. Igual que me sirvió a mi en su día. 

Desde siempre (al menos desde que yo recuerde) he sido una niña con problemas de peso: no podía comprarme la ropa en las tiendas de niños, el pediatra decía que tenía que adelgazar, y yo disfrutaba como nadie con las magdalenas que me llevaba escondidas en la ropa (interior) cuando iba a casa de mi abuelo (siempre tenía comida rica accesible y yo era MUY pequeña, ¿vale?). 

En el cole no fui una niña con la que se metiesen en el patio por pesar más de la cuenta y no recuerdo haberme sentido rechazada por ello. Aún así, la conciencia de niña gordita estaba ahí. No sé muy bien cómo explicarlo a alguien que nunca lo ha sentido y me cuesta un poco pensar ejemplos concretos de hace tanto tiempo. Pero bueno, me acuerdo cuando íbamos a los campamentos y había las típicas tirolinas y puentes que se movían (DIOS COMO LO ODIABA) yo siempre pensaba '¿y si se rompe?, ¿y si no puedo?, ¿y si no baja?' O cuando montábamos a caballo, me preocupaba deslomar al pobre perisodáctilo. Y siempre era la última de las caminatas...si es que me cansaba en cero coma. Son pensamientos que ahora suenan graciosos y tiernos, pero que, en realidad, minan el cerebro de cualquiera. 

Lo peor vino en la turkey age, ósea, durante la edad del pavo. Creo que fue en este momento cuando comencé a convertirme en una máquina destructora de autoestima que funcionaba a todo gas. Toooooooodo era una mierda porque estaba gorda. Fin. Así pensaba yo. Todo giraba y todo se explicaba con ese principio. Yo, al resto del mundo, tenía que causarle rechazo y vergüenza porque yo daba asco. Con este MARAVILLOSO pensamiento en mente he vivido durante mucho tiempo. Ojo, dicho así, parece que todos los días de mi vida han sido un sinvivir. No. He tenido muchos días maravillosos llenos de alegría, vida y felicidad. Pero siempre ha estado mi peso de por medio. 

Hasta hace un año vivía con un objeto pegado a mi tripa para esconder la panza. Me preocupaba si cabría entre los huecos de las mesas en los restaurantes. Quería que me tragase la tierra cuando en el parque de atracciones casi no me cabía el culo en el asiento o cuando me abrochaba el cinturón de seguridad del avión en el último agujero. Oír la palabra 'boda', 'comunión', 'bautizo' era sinónimo de HUYE. Mirad si el problema era tal que en unas vacaciones con mi familia en un crucero, el día de gala fingí estar mala para no ir. Únicamente porque, en mi cabeza, yo NO podía ir a esas cosas. Por gorda. 

El verano...la estación de la tortura (bendito sea el aire acondicionado). Hasta el año pasado (y muy poco) no me atreví a ponerme camisetas de tirantes o que enseñasen todo el brazo. Pantalones cortos, olvídate...¿¡Con esas piernas!? Y lo más temido de todo: las invitaciones a la piscina. Al final, cuando alguien me había pedido 100 veces que fuese a su piscina tenía que ir. ¿Situación? Yo con vaqueros largos, camiseta estilo tío y sandalias (los pies siempre han ido fresquísimos) dando vueltas por los bordes de la piscina. Y olé. Ni que me fuese a convertir en sirena al tocar el agua,  my god

De la ropa, ni hablamos: tengo la imagen de sacar pantalones y pantalones del armario y cabrearme porque todos me sacaban LORZACA y noteníaquéponerme y ay diosquévoyahacer. ¿Vestidos? ¿Faldas? Gracias pero no. ¿Cómo iba a ir yo con mis amigas de compras así? ¿Qué coño me iba yo a poner para salir de fiesta? 

En fin, con los años me empecé a meter en un bucle letal de pensamientos dañinos y crueles que, lamentablemente, me fueron alejando de mucha gente y me impidieron hacer muchas de las cosas que me hubiera gustado hacer. Durante muchos años me he encerrado en mi misma, en mis miedos y en mis pensamientos amartillantes. Ahora, me arrepiento. Me da MUCHA MUCHA rabia haberme perdido/no disfrutado tantas cosas sólo por tener sobrepreso... me dan ganas de darme un sartenazo. Ojalá, pesase lo que pesase, me hubiera comido un poquito menos el coco y un poquito más el mundo. Si hubiera entendido que la gente que me quería lo hacía por quién soy y no por lo que peso...otros gallos y gallinas hubieran cantado. 

 No me preguntéis cómo, pero un día algo hizo clic en mi cabeza. No sé si fue una de mis mejores amigas que empezó a perder peso (hola Anaaa), la cantidad de vídeos sobre gente obesa que veía o los extraños hombres de negro que pululaban por mi gimnasio (entrenadores). Pero un día decidí que tenía que hacer algo, que no podía estar toda mi vida odiándome y privándome de hacer todo lo que me apetecía. Que así NO podía seguir.

Fue entonces cuando empecé a entrenar con Raúl, a exprimir al máximo mi cuota de gimnasio y a tomar las riendas de la comida. Y ahí estaba el problema. Antes, era incapaz de decirle 'no' a la comida. Si quería algo lo tenía (normalmente en grandes cantidades) y ya después me arrepentía y me fustigaba un poquito. Y así casi todos los días. Quéeee rabia me da...pero bueno, de todo se aprende. 

El control de la comida y el gimnasio me han devuelto la alegríaaaaa por vivir. Entiendo que puede sonar MUY dramático, cursi y a demasié, pero es cierto. Había momentos en los que odiaba todo, que no veía una razón por la que levantarme de la cama, que me daba asco a mi misma. Eso ya no pasa nunca. 

Ha sido un año lleno de fuerza de voluntad, lleno de sudor y lleno de ilusión. He conseguido lo que siempre me había parecido imposible, y eso me hace sentir muy muy orgullosa de mi (algo que pocas veces había sentido). He pasado de sentirme la última mierda (con perdón) a sentirme segura y confiada...A estar bien conmigo misma. Y se nota, lo noto. Vivo mucho más feliz. El deporte tiene mucho que ver con esta sensación claro está; cada vez que entreno descubro que puedo hacer algo que antes no podía o que soy capaz de hacer una repetición más que la vez anterior. No hay día que salga de una clase triste o enfadada. Y de verdad, que la satisfacción de esos momentos no puedo plasmarla aquí. 

Por supuesto, que como todo humano, no vivo en el mundo de la felicidad todo el tiempo: tengo mis bajones, mis cabreos (que se lo digan a Emma) y mis momentos malos...pero creo que he aprendido a afrontar las cosas de otra manera. 

Dicen que el mayor reto de adelgazar no es perder el peso, sino cambiar la cocorota. Confirmo y reafirmo esto porque, de verdad, si no te convences de que tienes cosas buenas y de que no vales lo que pesas...ya puedes quedarte en el peso que quieras que no vas a estar mejor. Esto no quiere decir que te vayas a convertir en una persona nueva, ni mucho menos. Yo sigo siendo la misma, con mis virtudes y mis defectos. Al perder peso, he mejorado en muuuchos aspectos, pero más que por los treinta y pico kilos en sí, me parece que ha sido por todo el proceso. Por todo el esfuerzo y la tenacidad...de eso he aprendido y eso es lo que me da fuerza. Bueno claro, y que todo ello tiene una recompensa. Todo esto son reflexiones que voy haciendo sobre la marcha eh? Yo de psicóloga tengo lo mismo que de rubia...pero ahora, poniendo todo así en palabras, estoy ordenando pensamientos que tenía dispersos por las neuronas. 

Desde este humilde blog, si has caído por aquí y te sientes mínimamente identificado con todo esto, quiero decirte que 1) empieces por respetarte y quererte peses lo que peses. No dejes de hacer lo que quieres por pesar A o B. Valórate. 2) ¿Quieres adelgazar? SE PUEDE. SE PUEDE Y SE PUEDE. Motivación, fuerza de voluntad y constancia. No necesitas más...verás que la recompensa merece la pena. Pero eso sí, hazlo porque tu quieres...no por los demás. Lo se, suena a topicazo...pero es así. 

Maaadre mía, me voy a tener que callar ya porque creo que he escrito el post más largo de la historia. Es que me pongo a hablar de este tema y no me callo. Como os he dicho, no sabía cómo enfocarlo y he preferido dejar que saliese lo primero que tuviese que salir de mi cabeza. Más sincera no he podido ser. Es un tema muy complicado, duro y, en fin, que a mi también me gusta mucho hablar. 

Ahora, os dejo algunas de las fotos que he encontrado de mi "antes". No son muchas porque claro, ¿cómo iba yo a salir en fotos con esa papaaaada? Sí, también dejé de salir en fotos...o las que hay están estratégicamente cortadas o hechas. Ayyyyys, qué tonta.

Agora:

Si has llegado hasta aquí, gracias. Significa un montón. Me despido ya porque son las 2 y media de la mañana y estas no son horas de estar al ordenador. Te recuerdo que estamos en Facebook y que puedes seguirnos por email!:)

Un besooooo enooorme!